Apropiarse del Espacio: Clever y Grupocine

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 Foto Avant Premiere «Clever»
Por Francisco «Pancho» Magnou
Trato injusto: esto fue lo que declaró el equipo detrás de «Clever» sobre la forma en que programó la película el complejo de salas de cine de Grupocine.

En este segundo artículo sobre el vínculo entre los emprendedores y las salas de exhibición, quisimos conocer los detalles que llevaron al equipo de Montelona Cine y a la Asociación de Productores y Realizadores de Cine del Uruguay a expresar el descontento general de los emprendedores de este rubro, que sienten un maltrato hacia el cine nacional por parte de las salas comerciales.

El hecho de sacar la película de la programación de esa sala puso en evidencia algunos datos sobre la situación del cine nacional y reclamos del sector para que el Estado pueda intervenir en el fomento y cuidado de estas producciones. El productor ejecutivo de «Clever» Francisco «Pancho» Magnou nos contó cómo vivió este proceso.
 
 GCUY: Cuando la película ya está hecha: ¿Cómo es el vínculo con las salas?
 
Para que una película se muestre se necesitan básicamente de tres elementos: Productores (quienes hacen las películas), Distribuidores (quienes comercializan las películas) y Exhibidores (quienes muestran las películas).
El productor le da los derechos de representación de su película a un distribuidor, quien se aboca a explotar la película. Este se la ofrece a exhibidores que la emiten en sus pantallas bajo algún tipo de explotación comercial. En el caso de las salas de cine el acuerdo se basa en la venta de entradas (taquilla). Esto implica que de la venta de una entrada, el exhibidor se lleva la mayor parte (entre el 55 y el 70 % del valor de la entrada según en qué semana de la cartelera se vendió dicha entrada), el otro 45 – 30 % se reparte entre el distribuidor y el productor, donde el distribuidor se lleva su comisión (entre el 15 y el 35 % de esta parte) y lo que queda es lo que va para los creadores de la obra (entre el 40 y el 20 % del valor total de venta de una entrada).
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Foto Avant Premiere «Clever»

GCUY:  ¿Cómo funcionan las salas comerciales en Uruguay?


El circuito de salas comerciales en Uruguay es un oligopolio de tres grandes empresas (Life, Movie y Grupocine). Estas tres empresas, además de ser exhibidores (salas de cine) son los distribuidores de los grande estudios de Hollywood, algo que en muchos países del mundo, como en el propio Estados Unidos, está prohibido porque va en contra de la libre competencia y en perjuicio de los consumidores.

Estas características del mercado uruguayo, oligopólico vertical, hacen que al estrenar la película, tu socio en la exhibición (la sala de cine), sea también tu competencia en la distribución, porque otras películas distribuidas por él mismo son las que compiten contigo por la taquilla. Estas películas a él le generan un beneficio mayor que la tuya, porque además de su cuota parte como exhibidor tienen también su parte como distribuidor.

Otra característica del mercado de exhibición es que el único criterio de programación de la cartelera es el mero rédito económico, es decir que las películas se mantienen en cartel según la ganancia que le generan a la sala. No importa el aporte a la sociedad de una película u otra, si estimula valores sociales necesarios o se limita a un entretenimiento descomprometido (en el mejor de los casos). Tampoco si es nacional y hecha con el trabajo de uruguayos o extranjera.

No es lógico comparar de igual a igual y pedirle el mismo resultado a dos productos donde uno se hizo con millones de dólares y el otro con muchísimo menos, si uno viene con una campaña de difusión a nivel mundial y al otro con suerte lo nombran en la radio local. Es tan absurdo todo ese sistema que ni siquiera importa si a una película la dan 4 veces por día y a la otra sólo en el trasnoche, lo único que importa es cuantas entradas en total vendió al final del día. Es decir, sólo importa el resultado neto, no hay ninguna otra variable que determine el rendimiento real según las características propias de cada película.

Es lo mismo si es Capitán América o Clever: las que venden más entradas se quedan en cartel, las otras se bajan.

Todo esto implica que tenés muy poco tiempo para llevar a mucha gente al cine a ver tu película: es un consumo masivo y fugaz. Sin dinero para grandes promociones ni el apoyo de medios masivos de comunicación. Volcar a un gran público a un producto nuevo en muy poco tiempo se vuelve algo muy difícil de lograr.

Pero estos no son los únicos problemas que enfrentan las películas uruguayas en el circuito de salas de su propio país. Además de competir con sus propios exhibidores (a diferencia de EE.UU.), de no tener apoyo de medios de comunicación (a diferencia de Argentina), de competir de igual a igual con Hollywood (a diferencia de Francia) y con muy poco dinero para promocionar la película (a diferencia de Brasil), las películas uruguayas tienen cero garantías de lo que sucede con la taquilla en las salas.

Es que las salas no están auditadas ni controladas por nadie (a diferencia de cualquier otro negocio legal de este país), por lo que es un negocio de confianza ciega con tu socio-competencia, porque el número de entradas vendidas es el número que dice que tuvo cada sala (si, nadie controla esta actividad económica, ni la IM, ni DGI, nadie). Tal es así que a nosotros nos sucedió con Clever que Grupocine no pasó nuestra película un día que estaba en cartelera y después nos decía que ese día no habíamos vendido entradas, cuando en realidad lo que había pasado era que ellos la habían cambiado por otra. En esos casos los productores de películas uruguayas no tenemos ninguna herramienta que controle y garantice que se cumplan los acuerdos pactados y que las cifras declaradas sean las verdaderas.

No sólo estamos obligados a competir de igual a igual con productos que son creados y promocionados desde otros sistemas de producción extranjeros, mucho más ricos y cuidados por sus propios gobiernos, que no aportan nada a la cultura ni a la economía uruguaya, sino que además quienes producimos y creamos desde Uruguay no tenemos las más mínimas garantías ni protección de competencia justa en nuestro propio mercado.

Estamos hablando de años y años de trabajo de cientos de uruguayos desvalorizado, estamos hablando de millones de millones de dólares que se mueven entre tres empresas y nadie fiscaliza, estamos hablando de mucha plata de uruguayos que va a parar a enormes multinacionales sin aportar prácticamente nada a nuestro país.

La peor parte es que todo esto sucede dentro de grandes exoneraciones fiscales y beneficios que reciben las salas de cine por tratarse de actividades “culturales”, pero que al momento de analizar la gestión de cada una de estas empresas vemos que sus comportamientos son netamente comerciales. Por lo tanto estos grupos económicos se benefician de exoneraciones  por jugar en la cancha de los «bienes culturales» y al momento de las obligaciones actúan solamente en función de sus propios réditos económicos.

Lo que este sistema no está viendo es que en los consumos culturales hay lugar para todos los productos, que mientras más rica la oferta y mas diversidad tenga, más consumo y dinamismo habrá. Que hoy por hoy hay un gran número de personas que no encuentra en nuestro mercado una oferta de su interés; que hay productos que funcionan a otros volúmenes y tiempos pero que también son rentables y necesarios; que la existencia de películas y otros contenidos uruguayos es siempre una muy buena noticia, que cuando a una película uruguaya le va bien, le va bien a todo el país.

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 Foto Avant Premiere «Clever»

GCUY: ¿Se necesita un «éxito» en el cine local? 


 

¿Un “éxito”? Creo que habría que problematizar qué entendemos por “éxito”. Para mi, por lo que he vivido, cualquier película que logre realizarse y cierre en buenos términos con todos los implicados en el proceso es un “éxito”, y con mayúscula, porque eso implica que sorteó un montón de etapas y dificultades para llegar hasta allí.

Luego están las múltiples variables de las que a veces nos agarramos para hablar de éxito: ¿los premios y festivales? ¿la taquilla y ventas?, ¿la conexión con “el público”? ¿que se quede en el imaginario colectivo? ¿que refleje de una manera nueva y personal un sentir y forma de ser de una sociedad hasta ahora no explorado?

El mayor éxito y lo que deseo es que algún día escuche a alguien hablando de una escena, de una imagen, de una idea de una película en la que trabajé y que por alguna razón a esa persona la marcó.

Creo, que lo que sí se necesita de manera urgente en Uruguay, es que todos nos demos cuenta lo importante que es seguir trabajando juntos para que el sector audiovisual crezca cada vez más fuerte y mejor, con más contenidos, no sólo películas, todo tipo de obras, desde «Tiranos Temblad» hasta «Whisky». Eso trae grandes beneficios por todos lados, es trabajo para mucha gente, es inversión extranjera en el país, es imagen uruguaya en el mundo, es identidad nacional, es patrimonio, es un lugar para vernos, es una forma de expresarnos y sentirnos, son invitaciones al encuentro y al diálogo, es hacer cosas lindas y poder disfrutar todos de ellas y sentirnos bien.

 


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Francisco (Pancho) Magnou Arnábal estudió sociología en la Universidad de la República y participó de diversas actividades de gestión cultural. Como productor audiovisual ha producido el largometraje de ficción CLEVER (Borgia /Madeiro) y las series documentales: NOSOTROS y NOSOTROS DOS (Pablo Abdala /Joaquín Peñagaricano), y PRIMERA PERSONA (Federico Veiroj). Al momento se encuentra desarrollando los largometrajes de ficción MATEINA (Abdala / Peñagaricano) y LOS TIBURONES (Lucia Garibaldi), y produciendo los largometrajes documentales ACELERAR LA VIDA (Veiroj), y TRACCIÓN A SANGRE (Sofia Betarte).

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