Cabildos abiertos, una experiencia de participación


Por 
Verónica Pécora

En las capitales departamentales del Uruguay, muchas veces, se repite la misma lógica centralista y de exclusión que existe desde Montevideo hacia el interior. Aunque se trate de poblaciones y escalas mucho más pequeñas, el centro de poder está reunido en la ciudad, donde está la base administrativa y la presencia de la mayoría de los actores gubernamentales. Así los ciudadanos de los pequeños poblados son ciudadanos de segunda, con grandes dificultades para llegar a los lugares donde se toman las decisiones y con escasa capacidad de incidencia, también en lo cultural.

En la experiencia territorial denominada “Cabildos Abiertos”, iniciativa que intentaré describir en estas líneas, fue que nos propusimos empezar a andar en el camino inverso y revertir la disparidad. Esta experiencia comenzó en 2016 en el departamento de Florida, en el ámbito de Centros MEC y fue iniciativa de la dupla de coordinación departamental.

El punto de partida fueron las ganas de vehiculizar herramientas reales de participación ciudadana en los pueblos y localidades donde nos tocaba trabajar y desde el ámbito institucional que teníamos, que permitía un grado de autonomía en cuanto a los métodos, las prioridades y las formas de llegar a la población, así como en la asignación de recursos y presupuestos.

Uno de los motivos de poner en práctica la herramienta fue la pregunta de qué hacer en algunas localidades donde las propuestas artísticas y culturales que se habían desarrollado anteriormente habían cerrado su ciclo, habían caducado e incluso habían fracasado por falta de involucramiento y/o concurrencia. La pregunta a responder parecía simple: ¿Qué quiere la gente en materia cultural en su localidad?

Es que sentados desde el escritorio de la planificación territorial departamental de una oficina de Centros MEC en la capital de Florida nos parecía inverosímil realizar propuestas para todo el territorio con la diversidad de pequeñas poblaciones que tenemos como responsabilidad en la gestión cultural. Es que en Florida se plantea la dificultad de tener más de 20 pueblos, cada uno de ellos con su propia dinámica e identidad y con comunidades muy pequeñas a excepción de la capital y alguna más.

Los cabildos se presentaron como la única alternativa de dar voz a las comunidades, de forma abierta y sin intermediarios. En general, las propuestas que llegaban a la coordinación se hacían en forma esporádica y a través de aquellos más “osados y atrevidos” y en la mayoría de los casos con el formato de contribuciones de artistas para festivales y/o fiestas tradicionales de los pueblos.

Desde el punto de vista metodológico fuimos tomando algunas decisiones, caminando sin demasiada certeza de los resultados, teniendo a nuestro favor el conocimiento del territorio fruto de la experiencia acumulada en los años de trabajo y los socios locales: docentes y animadores de Centros MEC que conocen el pueblo en el cual viven y constituyen una red de contactos invaluables.

La comunicación fue abierta y por diversos medios, con un alto grado de importancia del encuentro personal y la invitación (casera) impresa que se acercó hasta cada una de las instituciones o grupos que sabíamos que tenían alguna actividad o experiencia educativa y/o cultural. También se utilizaron las redes sociales (Facebook y whatsapp con invitaciones electrónicas)  los medios masivos departamentales y las radios comunitarias. En algún caso también se utilizó un parlante rodante. Lo importante era llegar a todos y motivar la más amplia concurrencia y participación. Para la convocatoria fueron excelentes aliados los equipos locales, que conocen todas las puertas que hay que tocar.

Así organizamos la primera ronda de encuentro definidos como reuniones abiertas donde la gente podía acercarse a título personal o en nombre de una institución o colectivo y plantear sus ideas. Nuestro sistema de trabajo fue no protocolizar el encuentro y convertirlo en una charla de vecinos. Aquellos menos animados a hablar en público acercaron sus ideas por escrito, a las cuales se dieron lectura y se fue dando la palabra a todos y todas -sin excepciones- conversando sobre las ideas y/o propuestas que tenían. Pero la dinámica del Cabildo no se limitaba a escuchar y tomar apuntes sobre determinada actividad sino que se dialogaba sobre la viabilidad de la iniciativa, cómo llevarla a cabo, con quiénes, dónde, etc. Esto fue lo más rico del proceso, el pensar en forma conjunta.


Comunidad rural de Molles del Timote, previo al Cabildo Abierto año 2017, foto Marcelo Ruiz González 

Los cabildos nos dejaron varias cosas positivas. Un real acercamiento y valoración de la comunidad en localidades muy pequeñas donde la presencia de las autoridades se limitaba -muchas veces- a la recorrida de los políticos en el año de elecciónes (tuvimos la fortaleza de iniciar los encuentros muy lejanos a la fecha electoral de modo tal que se dio un diálogo real, sin que se confundieran nuestras intenciones). El encontrarse cara a cara fue invalorable, para ellos y para nosotros por los insumos que recogimos.

En segundo lugar nos dio un mapeo de instituciones y referentes de cada localidad, que pudimos usar para otras convocatorias y comunicaciones. Asistieron todo tipo de organizaciones: comisiones barriales, grupos de vecinos, comisiones de policlínica, organizadores de festivales, asociaciones de pasivos, escuelas, caif, liceos, clubes de baby fútbol y un largo etcétera que incluyó hasta al clero y la policía comunitaria. Es que en los pueblos pequeños todo se mezcla y la comisión de la policlínica, por ejemplo, es la organizadora del principal festival folclórico de la localidad, la fiesta más grande de todo el año. Si algo le faltó a los cabildos fue la pata de los artistas, lo cual merece otra reflexión aparte sobre la autopercepción del artista del interior y el grado de desarrollo de estos en el interior profundo.

En tercer lugar los cabildos legitimaron el trabajo en territorio porque ninguna de las propuestas ejecutadas en 2016 fueron ajenas a las que se plasmaron en estas reuniones que se desarrollaron entre los meses de marzo y abril. Es justo decir que las actividades que surgieron y se planificaron en función de los cabildos tuvieron un 90% de éxito, lo que también ayudó a evaluar la herramienta en su propuesta piloto y confirmó que la construcción colectiva en gestión cultural descentralizada era el único camino. Tanto así que la planificación anual departamental que se nos exige por parte de la dirección de Centros MEC se corrió de diciembre a marzo para poder hacerla en función de los planteamientos de cada comunidad. El año de trabajo comienza cuando la comunidad se reune a poner sobre la mesa sus propuestas.

Por ultimo queremos creer que también significó y significa año a año un aprendizaje para las organizaciones y referentes. Porque es muy diferente acercarse a pedir una actividad que a pensar las mejores estrategias para que se desarrolle y a llevarla adelante en forma conjunta, entre ciudadanos y organización de gobierno.

Las ideas que surgieron fueron variadas: talleres artísticos y culturales, jornadas de sensibilización, actividades artísticas, temas a abordar e incluso alguna que otra consulta que excedía a nuestro ámbito y que fue enviada a derivada a modo de información a otros organismos.

En este año 2018 celebraremos la tercera edición de los Cabildos. Estamos en el proceso de que ya no es necesario explicar el porqué ni dar un marco previo al inicio de los encuentros (en la primera edición se explicaron los objetivos de los cabildos, así como las áreas de acción de Centros MEC) sino que felizmente podemos decir que estamos en la etapa en la cual se ha instalado la demanda. Son las instituciones y las personas así como los medios de comunicación locales los que preguntan la fecha de su realización y se preparan para llevar la propuesta.

También tenemos algunos desafíos que implican profundizar la descentralización, como por ejemplo, transferir la decisión y la ejecución de las propuestas a la comunidad. Son dos grandes escalones a sortear.

El primero, el de la decisión, podría salvarse mediante el voto, lo que no está ausente de riesgos de liderazgos pueblerinos y caudillescos que siempre persisten. El segundo, el de la ejecución es un poco más complejo y creo que los grupos necesitan otro nivel de maduración y de participación ciudadana. Ahí entramos en terrenos difíciles que tocan lo sociológico, lo histórico y lo comunitario y abren muchísimo el abanico. Sin dudas un faro que puede ser guía pero que por el momento no nos hemos alejado lo suficiente de la orilla.

 

 

Verónica Pécora Podestá

Licenciada en Ciencias de la Comunicación UDELAR, diploma en Gestión Cultural y Patrimonio (Argentina) y Coordinadora Departamental de Centros MEC Florida.

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