El día que vuelvan los abrazos

Foto: Ballet Nacional del Sodre
Por Danilo Urbanavicius

Es habitual explicar los fenómenos artísticos- culturales desde la perspectiva escénica, es decir, de lo que ocurre sobre el escenario o desde la obra de arte, descuidando y desatendiendo la importancia del público. En tiempos de crisis, ha quedado demostrado que, de no existir el público, el arte podría correr el riesgo de esparcirse como arena entre los dedos. El siguiente artículo se propone reflexionar, y a su vez provocar, sobre la importancia del público en el arte y también reflexionar sobre el rol que tendrá la cultura y la gestión cultural “el día que vuelvan los abrazos”. A su vez, pretende colaborar en la difusión y consolidación de Gestión Cultural UY, proyecto que cobra más que nunca su sentido de ser.

Hackers, go home

El 25 de agosto de 2015 nace Gestión Cultural UY: “un sitio web que tiene como objetivo fomentar un lugar de encuentro y reflexión en torno a la gestión cultural”. En un ecosistema cultural donde la reflexión resulta indispensable, este proyecto cobra sentido y es para muchos de nosotros una especie de faro. Pocos meses atrás un «troyano» hackeó este blog poniendo en riesgo los innumerables artículos y reflexiones vertidos en él. Hoy, luego de que expertos en programación dejaran nuevamente activo este proyecto que Cinthya Moizo- colega y amiga a quien aprecio, admiro y respeto- construyó con paciencia, perseverancia, esmero y militancia. Por esta razón es que con mucha alegría y regocijo vuelvo a escribir algunas líneas. No solo por el hecho de reflexionar, sino con el objetivo de colaborar con la construcción de Gestión Cultural UY, herramienta indispensable para el desarrollo de esta disciplina que tanto nos apasiona: la Gestión Cultural.  

La muerte del arte

En el transcurso de la historia hombres y mujeres tuvieron cierta fascinación, o tal vez la necesidad, de vaticinar el final de las cosas. Desde el fin del mundo con Nostradamus y el Armagedón, pasando por Cometa Halley, hasta cuestiones menos catastróficas como el fin del cine a raíz de la aparición de la televisión; y así podríamos seguir enumerando ejemplos y decir que, con cada invención otra desaparecería o por lo menos quedaría en jaque. No habría razón entonces para que el arte quedara salvaguardado de cuestiones apocalípticas y librado de este fenómeno. Es así que con el tiempo el arte se haría acreedor de una teoría que nos relataría cómo sería su fin. Fue el filósofo estadounidense, Arthur Danto, en su polémico artículo “El final del arte”, quien dejó plasmada esta idea. Danto sostenía que “el arte ha muerto”. ¿Pero qué significa esto? 

Para fundamentar esta teoría se preguntó ¿qué es lo que hace entonces que las cajas exhibidas por Andy Warhol, sean diferentes a las cajas de un estante de supermercado? Según este autor, lo que diferencia a una caja de supermercado de las expuestas por Warhol, es el significado y no la apariencia estética. Además, esta interrogante le permitió darse cuenta de que el arte había cambiado y  por consecuencia se debían cambiar las ideas que se tenían de él. Este concepto es conocido como “ready made”: un elemento elegido por un artista que se extrae de la vida real y se transforma en obra de arte. Pero cuando ese elemento elegido por el artista llega a un alto grado de mimetismo con la obra de arte no permitiendo distinguir cuál es cuál, es ahí donde para Danto el arte ha muerto. 

No es el propósito de estas líneas profundizar sobre estos conceptos. Lo que sí motiva la escritura de estas líneas es la relación, a esta altura indisoluble, entre el artista y el público. Pero sí es válido decir que, para nuestra tranquilidad, el arte no murió. “El arte es una noción abstracta, fruto del concepto del ser humano, de su obra y de la naturaleza. Es atemporal porque el observador de la obra de arte interpreta según su sistema de valores”. En todo caso, el arte se encuentra en una cuarentena obligatoria. 

El arte, el artista y el público

Millones de caracteres también han reflexionado sobre cuándo la obra de arte cobra sentido o cuando esta se transforma en tal, y otro tanto se ha deliberado si la obra existe desde el momento en que el artista la crea o si ésta cobra sentido y pasa a conformarse como tal, cuando entra en contacto con el público. El filósofo alemán Boris Groys en “Volverse Público” (2014), si bien reflexiona sobre la cuestión estética del arte, más específicamente sobre “la actitud estética del espectador”, nos acerca a la noción de la importancia del público y de la relación que se establece entre el artista y el público. Groys manifiesta que:

Esta situación cambió un poco cuando el artista empezó a servir a un gran público en lugar de servir al régimen del mecenazgo representado por la iglesia o los poderes autocráticos tradicionales. En ese momento, el artista, estaba obligado a presentar los “contenidos” – temas, motivos, narrativas y demás – dictados por la fe religiosa o por los intereses del poder político. Hoy se le pide al artista que aborde temas de interés público. En la actualidad, el público democrático quiere encontrar en el arte las representaciones de asuntos, temas, controversias políticas y aspiraciones sociales que activan su vida cotidiana. […] Al liberarse del problema de qué hacer, el artista puede entonces concentrarse en el aspecto formal del arte, en la cuestión de cómo hacerlo, es decir, en cómo hacerlo de modo tal que sus contenidos sean atractivos y seductores (o desagradables y repulsivos) para la sensibilidad estética del público. 

También el teórico británico Mark Fisher en su libro “Realismo capitalista” reflexionó en este sentido y sostenía que “un objeto cultural pierde su poder una vez que no hay ojos nuevos que puedan mirarlo.” 

Este tipo de análisis o de visiones cobran sentido si se cumple esa conexión entre el artista, su obra y el público, casi como una condición indisoluble. Y aunque muchas veces los fenómenos culturales logremos explicarlos solo por lo que ocurre sobre el escenario, cosa lógica ya que las miradas necesariamente van hacia ese lugar, existe del otro lado el público, parte fundamental en este dilema dicotómico. Porque en última instancia de no existir el público, todo este análisis se esparce como arena entre los dedos. Esto ha quedado casi que demostrado con la actual pandemia, de la cual no sabemos qué ocurrirá la mañana siguiente, pero lo que sabemos, es que la gestión cultural jugará un papel central en la reconsideración de la importancia de los públicos, de la importancia de conocerlos más y mejor, de estrechar los lazos entre artistas y ciudadanos, de mantener encendida la llama emocional del encuentro social a través del arte y la cultura.  

Pero si falta usted no habrá milagro

En el año 2010, en la ciudad de Bilbao, se realizó el cuarto Foro Internacional de las Artes Escénicas que tuvo como tema central los públicos de las artes escénicas, donde se reflexionó sobre algunos de los grandes retos al que nos enfrentamos día tras día quienes pertenecemos al sector de las industrias culturales: la captación, formación y consolidación de los públicos. Lo llamativo y oportuno de estas reflexiones, sobre todo en los tiempos que corren, es que dentro de las preocupaciones de ese entonces se encontraba el cómo hacer que el consumo cultural, en este caso respecto de los públicos de las artes escénicas, “sea estable y forme parte de sus hábitos sin depender de factores circunstanciales”. A propósito de esta preocupación, parte del extenso documento manifiesta que: 

El primer y gran reto del sector es consolidar a los públicos actuales, porque son el núcleo del sistema y el principal activo para su desarrollo. Consolidar a los públicos actuales significa, por un lado, conseguir que su actitud hacia la oferta escénica sea proactiva y que el consumo sea estable y forme parte de sus hábitos sin depender de factores circunstanciales. Por otro lado, significa desarrollar vínculos emotivos entre ellos y el espacio escénico, basados en una relación de confianza y de conocimiento mutuo. A medida que se avanza en la relación de confianza y en el conocimiento mutuo, el espacio escénico es más capaz de satisfacer las necesidades de sus públicos objetivo y de fomentar su participación en la gestión de la oferta

Tal vez esta pandemia del año 2020 nos ayude a comprender que vivimos en un gran ecosistema cultural que nos mantiene cercanos e interconectados, que el aislamiento es letal y que no basta en absoluto el encuentro virtual. La gestión cultural, en su labor de generación de públicos en todas las clases sociales, aportará un pilar fundamental para que la democracia no perezca y se mejore a sí misma, sobrellevando los peligros inminentes de la huida hacia el totalitarismo. La gestión misma de esta pandemia nos muestra que no solamente necesitamos a la cultura y al arte para sobrevivir al aislamiento, sino que son necesarios para entender el mundo en el que vivimos, donde ya nadie vive aislado. En estos tiempos la fraternidad, la solidaridad y la igualdad no son consignas olvidadas y pertenecientes a un pasado lejano. La fraternidad, la solidaridad y la igualdad son presente y futuro. 

El día que vuelvan los abrazos

Hace cuestión de horas, en una reunión virtual de trabajo, junto con colegas y amigos reflexionábamos sobre qué pasará con la cultura y con la gestión cultural “el día que vuelvan los abrazos”, ya que esta pandemia también pasará y volveremos a las calles, a los teatros a los museos, a las librerías y a tantos otros lugares que hacen posible una mejor convivencia ciudadana. Volveremos a lugares de los que nunca nos fuimos ya que de alguna manera seguimos conectados, al igual que con artistas con los que todavía mantenemos una relación. Porque, aún en tiempos de crisis global, nuevamente la cultura nos salva: artistas que realizan conciertos virtuales, plataformas que liberan sus películas, museos que permiten recorrerlos de forma remota, editoriales que liberan sus publicaciones, obras de teatro de acceso gratuito, etc., etc. 

Pero lo que no deberíamos hacer es volver sin habernos preguntado o problematizado sobre cuál es el rol de la cultura y de la gestión cultural el día que vuelvan los abrazos. Estamos desafiados a mantener vivo el ecosistema cultural, pero a hacerlo con creatividad en un escenario totalmente impredecible y a su vez, plagado de oportunidades. Estamos obligados a preguntarnos ¿cómo será el rencontrarse con los públicos? ¿será el resurgir de los espectáculos? ¿de las salas? ¿de los proyectos culturales?

Ojalá que esta cuarentena obligatoria del arte sirva para poner en valor la tarea de los artistas y la importancia que la cultura tiene, o debería tener, en las sociedades y que luego de que todo esto pase los teatros desborden, las salas de cine se abarroten de público, los conciertos sean masivos y las librerías florezcan. Y que también, en la medida de nuestras posibilidades, sigamos la sugerencia de Luciano Supervielle: “Apenas termine esto vayan a ver la mayor cantidad de música en vivo que puedan. Porque seguramente van a presenciar los conciertos más emotivos e intensos de sus vidas”. Y ojalá, más temprano que tarde, llegue el día que vuelvan los abrazos.

#ElDíaQueVuelvanLosAbrazos

Danilo Urbanavicius: Técnico en Gestión Cultural por la Facultad de la Cultura de la Universidad CLAEH, primera generación, estudiante avanzado de la Licenciatura en Gestión Cultural de la UCLAEH y Comunicador Social. Desde el año 2009 trabaja en la gestión artes escénicas, particularmente en danza contemporánea, realizando varias giras por el interior del país. Gestionó proyectos culturales tanto en la órbita pública como privada. Miembro fundador y Ex Vicepresidente de la Red de Gestores Culturales del Uruguay. Actualmente se desempeña como Asistente del Decanato en la Facultad de la Cultura de la UCLAEH, es tutor de proyectos de egreso en la Tecnicatura en Gestión Cultural de la Facultad de la Cultura y forma parte del equipo de investigación que realizó el estudio sobre los públicos del Ballet Nacional del Sodre. 

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