Fondos Concursables 2017: crónica de una marcha atrás


Por Luis Pereira Severo

 

Se ha divulgado la semana pasada una nueva convocatoria a los Fondos Concursables (FCC) para la cultura del MEC. Como sabemos, es uno de los programas centrales de la administración, fundamentado en su momento por el Profesor Luis Mardones – entonces director de cultura -en términos por demás transparentes: “Si no hay fondo concursable –es casi la construcción de una antítesis- hay limosna discrecional, limosna arbitraria y un país no puede tener política cultural con limosna arbitraria”.

Los fondos tienen como objetivo principal, según se indica en la página web del ministerio, “democratizar la cultura, así como el acceso -en igualdad de oportunidades- a los bienes culturales, estimulando la desconcentración y descentralización de las actividades culturales”. A la vez se procura “la desconcentración geográfica de la oferta de actividades culturales y la atención de aquellas áreas de la cultura que no financian otros fondos y que necesitan respaldo de fondos públicos para su existencia.”

La primera edición de los fondos fue en 2006. A partir de la quinta convocatoria, 2010, el monto total en concurso era agrupado en dos fondos, nacional y regional, este último creado “con la intención de diversificar y fortalecer proyectos culturales en las diferentes regiones y departamentos del Uruguay, así como de alcanzar los objetivos expuestos” en la convocatoria.

La regionalización planteada por los FCC no era antojadiza: fue resultado de múltiples consultas, en particular con las direcciones de cultura departamentales, con las que las sucesivas administraciones han mantenido un adecuado ámbito común de trabajo. Como soporte se tuvo en cuenta además el trabajo de investigación coordinado por Felipe Arocena, “Regionalización cultural en Uruguay”(1) , en el que además de un diagnóstico de sinergias y prácticas de consumo al interior del territorio se consulta a relevantes actores culturales de todo el país.

Pasemos raya: en un país como el nuestro, en el que la oferta cultural, expresada tanto en existencia de productores, equipamientos culturales, corredores para la circulación u oportunidades formativas, se encuentra concentrada en la capital y el área metropolitana, la creación de los fondos regionales venía además de a cumplir con los objetivos planteados, a dar respuesta a una situación de notorio desequilibrio.

El director de cultura Sergio Mautone – a modo de balance – indicaba en la convocatoria 2016 que en la convocatoria del año anterior “casi la mitad de los proyectos seleccionados correspondieron a ciudadanos y ciudadanas residentes en el interior del país, marcando un hito histórico en el camino de la descentralización de las acciones culturales”.

Si el objetivo de una política cultural, como se ha proclamado reiteradamente, es propender a la democratización del acceso a los bienes y servicios culturales, a asegurar la participación en la vida cultural como un derecho ciudadano, promover acciones de tipo afirmativo y correctivo que contribuyan a corregir las inequidades hoy presentes en este campo parece de Perogrullo. Y por otro lado esa política iba en línea con otras que ha impulsado el gobierno nacional: ampliar la agenda de derechos, otorgar voz y existencia jurídica a las minorías es equivalente a – en el campo de la cultura – garantizar los derechos de artistas y públicos geográficamente distantes de los centros de referencia a acceder a oportunidades de creación o consumo equivalentes a los ciudadanos de la capital.

Pues bien, la actual dirección nacional de cultura ha decidido que a partir de la convocatoria 2017 no existen más los fondos regionales. Para las autoridades se trata de “poner en primerísimo lugar a nuestros artistas y hacedores culturales, apoyando fuertemente sus procesos creativos y de producción”. El nuevo enfoque “implica descentrar algunos ejes de influencia que caracterizaron el trabajo de FCC en las diez convocatorias pasadas y que, entendemos, demandaban revisión. De esta manera el énfasis en los aspectos territoriales (obligatoriedad de la circulación, cierta cantidad de actividades y presentaciones públicas) deja de poseer el gran peso específico que solía tener, desmontando el concepto de regionalización, la consiguiente asignación de fondos específicos que se realizaba y algunos determinismos innecesarios muchas veces cuestionados por los creadores”.

Primera novedad, la centralidad, al menos en el discurso, de “nuestros artistas y hacedores culturales”. No se trata de que los artistas no resulten actores gravitantes e incluso decisivos a la hora de diseñar y ejecutar una política cultural. Pero no son ellos los únicos actores en el campo de la cultura, y entre otros los públicos o destinatarios de la oferta cultural deberían sí tener un lugar de privilegio si se está pensando en clave de construcción de derechos culturales que tengan como destinatarios al conjunto de la ciudadanía.

Pretender una política cultural que proponga “democratizar la cultura” y a la vez indicar la centralidad de “nuestros artistas y hacedores culturales”, borrando del mapa una herramienta que implicaba otorgar existencia a los menos visibles es al menos una contradicción, salvo que se piense que está en el ADN de todo artista procurar la ampliación de públicos y la llegada a nuevos territorios, al estilo del efecto derrame pensado en otras disciplinas.

Pero además se sube la apuesta: para el MEC la “obligatoriedad de la circulación” y “cierta cantidad de actividades y presentaciones públicas” no eran más que “determinismos innecesarios muchas veces cuestionados por los creadores”. El llamado señala expresamente que quedan excluidos de esta convocatoria proyectos que propongan realizar talleres, cursos, etc., y giras o participación en festivales dentro o fuera del territorio nacional.

Para el caso de las giras las bases indican que ese tipo de proyectos deben presentarse a un desconocido Plan Nacional de Circulación. Sobre este punto resulta compartible la opinión del director teatral Darío Lapaz sanducero: “el Plan de Circulación del que se habla en las bases aún no tiene definiciones claras ni una estructura definida. Es un proyecto aún”. Para Lapaz las señales que se tienen del proyecto indican dependerá de una coordinación entre la Dirección Nacional de Cultura del MEC y los gobiernos departamentales “muchos de los cuales carecen de planes estratégicos de cultura (algunos departamentos ni siquiera tienen direcciones de cultura). Es altamente probable que en determinados lugares se priorice la producción que viene de la capital por sobre las producciones locales (…) y es también probable que no se contemplen ciertos lugares donde sí llegaban giras promovidas desde las particularidades de cada región”.

Todo permite afirmar que para el MEC es irrelevante la existencia o no de públicos, o de nuevos corredores de circulación. Una herramienta que hasta ahora era útil para llevar programación cultural y oportunidades de desarrollo en departamentos poco frecuentados por la oferta cultural deja ahora de tener la relevancia que tenía, para transformarse en un fondo sectorial más.

Los fondos regionales existían también para otorgar oportunidades a creadores del interior que han tenido oportunidades disimiles de formación y desarrollo: de otro modo no habrían competido con sus colegas de la capital que sí han contado con esas posibilidades. Pues bien: estas bases vuelven atrás en el casillero y seguramente veremos como la mayoría de los proyectos seleccionados lo serán de artistas y productores radicados en la capital.
Por otro lado desaparecido el requerimiento de circulación, veremos seleccionados muchos proyectos endogámicos, o para públicos convencionales, es decir aquellos ya “alfabetizados” en términos de consumo cultural. Nada más distante de una política pública que se proponga la universalización de los servicios culturales.

Llama la atención la frase “determinismos innecesarios muchas veces cuestionados por los creadores”. ¿A qué creadores se refiere el MEC? ¿Los teatreros o bailarines de Salto o Paysandú reclamaron no acceder con sus creaciones más que a sus propias ciudades, y no les interesa presentarse en salas de Montevideo? ¿A los músicos de Treinta y Tres no les importa tocar para públicos del litoral o del sur del país? ¿A los productores de Rocha no les importa promover la producción cultural de su departamento en Colonia o San José?

Si como quién escribe puede pensar, los creadores a los que se tuvo en cuenta fueron solo aquellos capaces de hacerse oír, estos cambios son un mayúsculo error, y señalarían el escoraje de la política cultural, puesta a jugar a favor de los sectores con mayor capacidad de demanda. En ese sentido conviene analizar el artículo de Danilo Urbanavicius en gestioncultural.org.uy que analiza detalladamente las cifras por categoría.

Entenderá el MEC que “¿ya se superaron todas las inequidades de formación y acceso a la información que favorecían al centro sobre la periferia al momento de las postulaciones”? Es una pregunta adecuada.

SOBRE EL SECTOR EDITORIAL

De los 18 millones de pesos asignados al total del FCC 5 millones lo son a la categoría Propuestas Editoriales. Es una de las que resulta favorecida con el incremento de los montos: en 2016 fueron 1 millón y medio. Las cifras a primera vista pueden parecer una buena noticia, y seguramente lo sean para algunos sub sectores. Las bases respectivas continúan indicando: “serán elegibles proyectos cuyo resultado final sean publicaciones de autoría uruguaya y cuyos requerimientos técnicos de producción impliquen inversiones más elevadas que las de una publicación estándar, por ejemplo: libros de fotografía, libro álbum, libro objeto (pop up, tela, etc.), historietas, revistas.” “Quedan excluidas en esta categoría las propuestas de talleres y proyectos que propongan ediciones digitales exclusivamente, así como la mera edición de novelas, poemarios, cuentos, etc.”

Para empezar parece extraño que para otras disciplinas se disponga expresamente que serán considerados proyectos de creación, producción, investigación o puesta en escena y acá se restrinja a sólo aquellas que impliquen “inversiones más elevadas que las de una publicación estándar”.

Hasta 2009 los FCC tenían una categoría Letras, destinada a ediciones convencionales de narrativa, poesía, más otras de ensayo, relato gráfico y publicaciones especializadas en cultura. A partir de 2010 se eliminó Letras y se instauró Eventos literarios (se mantuvo además relato gráfico).

Se ha argumentado que la categoría Letras como tal dejó de existir porque ya existen los premios nacionales de literatura. Pero este no es el criterio que se ha adoptado para otras disciplinas. En particular el teatro y la danza – afortunadamente – cuentan con otras líneas de apoyo, provenientes de institutos específicos o de otras instituciones estatales, además de inversión pública vía equipamientos, elencos o eventos internacionales.

El relato gráfico ha cobrado existencia en el país en gran medida gracias a los FCC. Esa es una buena noticia. En esa política el MEC está prestando atención a un sector no favorecido por el mercado, uno de los objetivos de la acción pública en el terreno cultural. Con el apoyo a esta disciplina – y a otras presentes en los FCC, igualmente “marginales” en el punto de partida – el MEC tiene en cuenta de manera adecuada la necesaria tarea de garantizar los valores de existencia y opción. (2)

Pero el mismo criterio debería aplicarse a la literatura en general y dentro de ella a algunos de sus géneros: en un país donde el promedio de ediciones de un autor nacional es de 500 ejemplares (3) y en el que casi no hay librerías más allá del río Santa Lucía, donde las bibliotecas públicas siguen siendo conservadoras de libros con acervos desactualizados y carentes de una política pública de fomento de la lectura, parece un capricho de primer mundo o de niño rico destinar fondos públicos sectoriales privilegiando libros de fotografía, libro álbum, libro objeto, pop up o tela.

Por otra parte, desde 2016 ha desaparecido la categoría Eventos Literarios. Es para nosotros obvio que estos, festivales, encuentros, ferias, seminarios, son oportunidades de puesta en valor de la creación escrita, de relacionamiento, de creación de públicos, además de externalidades para el turismo, etc. Nuestro país cuenta con muy pocos eventos de promoción del libro y la lectura. Pocos de los existentes cuentan con una envergadura y trascendencia apreciable y difícilmente puedan prosperar otras iniciativas sin apoyo estatal.

En cierto modo las políticas públicas para el sector cultural parecen haber optado por las artes escénicas, sobre todo si tenemos en cuenta, además de los FCC, la centralidad de acciones hacia salas y elencos oficiales (el pujante Auditorio y el ballet oficial entre otros), el lugar que ocupa el Carnaval como manifestación artística apoyada desde múltiples fondos públicos. Si seguimos esa línea de pensamiento, parecen tener preponderancia para el MEC el espectáculo y dentro de ellos aquellos ya legitimados favorablemente por las audiencias, sean estas canónicas o populares.

La lectura parece contar con existencia sólo cada 26 de mayo, cuando en celebración del día del libro nacional un sinnúmero de eventos – algunos al borde de lo litúrgico -, tienen lugar en todo el país, alentados muchos de ellos desde la institucionalidad pública. Lástima que lo discursivo parece agotar todos los impulsos, y que lectores, editores y autores sigamos estando tan ausentes en las políticas ministeriales.

1 Arocena, Felipe (Coord.) (2011). Regionalización cultural en Uruguay. UDELAR.
2 Manuel Esmoris, Cultura: artes, patrimonio y tradiciones. Gestión cultural: una profesión de servicio. Valor de existencia: la población se beneficia del hecho de que la cultura exista, incluso si algunos de sus individuos no toman parte en ninguna actividad; valor de opción o elección: la gente se beneficia de la posibilidad de asistir a estos acontecimientos culturales, incluso si no llegan a hacerlo realmente; http://biblioteca.claeh.edu.uy/doc_num.php?explnum_id=32
3 De 300 ejemplares para poesía.

Luis Pereira Severo

Especialista en Gestión Cultural (Diploma Gestión Cultural, UDELAR). Poeta y editor, co responsable del proyecto editorial civiles iletrados (civilesiletrados.blogspot.com.uy)

2 Comments

  1. Hola!
    He leído los tres artículos sobre la convocatoria a los Fondos Concursables. Muchas gracias por escribirlos, y por invitarnos a todxs al diálogo sobre estos temas que suelen pasar desapercibidos.
    Hace un par de días me enteré (de casualidad) tampoco ha sido muy difundido la convocatoria al Fondo Regional. ¿Qué opinan de eso?
    Me resultó extraño la prórroga a los Fondos COncursables, y al aparecer ahora esta convocatoria, de la cual no hacen mención en la de los Fondos (y si lo hacen del FEFCA, Fondo de Infraestructuras, etc), me resultó más extraño aún.

    Gracias a esta web! y a los colaboradores por sus artículos.
    Inmenso aporte al sector.

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