La historia financiera de Montevideo Comics

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  Por Matías Castro

Antes de hacer la primera edición de Montevideo Comics, estábamos bastante seguros de que para encarar un proyecto de riesgo económico los requisitos eran los siguientes: nacer en Carrasco, tener padres con plata, contar muchos amigos de colegios privados dirigiendo empresas o agencias de publicidad. Por algún motivo con mi socio de aquel tiempo, Carlos Boquete nos tiramos al agua, sabiendo que no cumplíamos con ninguna de esas exigencias de nuestra imaginación. Tampoco contábamos con dinero del estado, así que supongo que tantos años de leer historietas nos habían distorsionado el raciocinio. Era el año 2002 y estábamos a punto de darnos de frente con la famosa crisis que se llevó puesto el ánimo del país entero.


Lo que nos permitió concretar esa primera edición desde, el punto de vista financiero, fue el acuerdo que nos propuso Fernanda Cortinas, dueña del boliche Pachamama. Por el mismo nos permitía usar el boliche a cambio de la mitad de la recaudación de entradas. Además ella contaba con la barra como otra fuente de ingresos. Nosotros vendimos algunos stands, creo que cinco o seis, y no conseguimos mucho más como financiación previa. Hicimos cien afiches en una imprenta de barrio y los pegamos en librerías del Centro y algún otro lugar.

Como Carlos era dueño de un bar, sabía bastante más que yo de administración y previsión de gastos. Hicimos una movida controlada y estimamos que con la venta de cien entradas, que sería todo un logro para nosotros, cubriríamos los costos básicos. Vendimos casi 600 y nos quedamos boquiabiertos porque había más público del que creíamos y porque pudimos pagarle al equipo de trabajo (todos eran voluntarios que trabajaba a riesgo), solventar algunos imprevistos y quedarnos con algo de plata.

Al año siguiente el esquema de financiación fue más o menos el mismo, pero por suerte recibimos unas 900 personas y con eso cubrimos algunos gastos nuevos (como dos dibujantes que trajimos de Argentina). Se sumó la revista Pimba! entre los apoyos, con canje y publicidad, y seguimos sin ser recibidos por ninguna institución pública. Bueno, en realidad fuimos recibidos, porque la Comisión de la Juventud de la Intendencia nos ofreció unos equipos de sonido de poca utilidad y una camioneta por algunas horas de la mañana del sábado (que por cierto fue extremadamente útil). Lo bueno fue que la Universidad ORT se interesó y se convirtió en la primera institución grande que confió en lo nuestro.

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MVD Comics 2015


Después de eso, Carlos emigró a México por cuestiones de trabajo junto a varios de los integrantes del equipo, y resolvimos continuar el proyecto con Marcelo Sánchez, amigo, ex estudiante de economía y con mucha experiencia en áreas de administración de empresas. Al tercer y cuarto año la cosa siguió por el mismo derrotero en lo financiero (¡En 2005 nos apoyó McDonalds! Fue la primera marca que nos apoyaba), y el público siguió creciendo a la vez que aumentaban los riesgos que asumíamos. El cuarto año fue el primero en el Cine Plaza y también el primero en que perdimos dinero.

Voy a repasar la lista de preconceptos: no teníamos padres con plata, ni éramos de Carrasco ni teníamos amigos influyentes. Así que perder plata era definitivamente una mala noticia.

Pero Montevideo Comics creció en público y mejoró en imagen; las cuentas se financiaron, nadie se murió y seguimos haciendo el trabajo. Claro que hay pérdidas y pérdidas, y las que nos tocaron fueron relativamente controladas, porque intentamos trabajar racionalmente, midiendo siempre los riesgos que asumíamos, evaluando lo que teníamos, lo que aspirábamos a tener y lo que realmente podíamos conseguir. Evitar las fantasías en estas cosas es bastante difícil, porque uno siempre cree que tiene una bomba de éxitos entre manos; pero es fundamental hacerlo para planificar gastos y posibles ingresos.

Recién al sexto año recibimos apoyo económico de la Intendencia. Y más o menos por ahí, disculpen si no lo recuerdo bien, nos abrió las puertas Luis Mardones en la Dirección Nacional de Cultura. Después vino Antel, con su auspicio. Y más adelante aparecieron los Fondos de Incentivo a la Cultura, que también trajeron plata.


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MVD Comics 2012


Dicho así, y pensando que las empresas participantes fueron más cada año, parece que nos llovieron monedas de oro cada vez con más intensidad. Pero lo cierto es que esto sucedió así porque el proyecto fue creciendo, le agregamos cosas, el equipo aumentó en cantidad de gente, las acciones se multiplicaron, nuestros requisitos aumentaron, las exigencias de difusión se dispararon (pasamos de los cien afiches a las paletas de JCDecaux, la televisión, radio, internet, prensa escrita, encargada de prensa, equipo de redes sociales, fotógrafos, videos…) Es decir, a medida que el proyecto creció en recaudación, también lo hizo exponencialmente en gastos y, por lo tanto, en riesgo.

A medida que pasaron los años, los auspiciantes privados fueron y vinieron. La ORT solo faltó uno o dos años, pero en general ha participado. Bellas Artes participa hace siete años sin interrupción, pero siempre de distinto modo. Y otras empresas o Instituciones como AXE, Bios, la Universidad Católica, Birra Bizarra o Sprite, han participado una o dos veces. Todo dependerá de quien tome las decisiones, cosa que a veces cambia, de sus objetivos para el año o vaya a saber de qué motivo misterioso.

Una vez, una agencia de medios nos dijo que sus marcas no participaban porque entendían que Montevideo Comics era un evento de nicho. La misma agencia metía sus marcas en eventos para cien o doscientas personas. Supongo que otro entenderá la lógica de eso, pero para nosotros ese fue uno de nuestros primeros encuentros con los misterios del marketing. Lo cierto es que con las marcas e instituciones que han participado, hemos hecho un camino fructífero y sólido.

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MVD Comics 2016 por Rabiar Media

También aprendimos dos o tres cosas. Y entre eso estuvo el control del riesgo, o su administración, asunto para el la que la mente racional de Marcelo es fundamental. Gracias a que ahora tenemos muchos más elementos para trabajar, durante la gestión podemos saber con cierta exactitud que, por lo menos, no vamos a perder plata. El dinero público que recibimos equivale más o menos al 30% del total de nuestros costos, por lo que el resto es financiado entre la venta de entradas y los auspiciantes y participantes privados. La ecuación se complica un poco más si se tiene en cuenta que parte de esos participantes privados pagan a través de los Fondos de Incentivo, cosa que no implica exactamente que el Estado aporte plata, sino que se resigna a cobrarle menos impuestos a ellos y por lo tanto estimula su participación en nuestro festival.

Gracias a que crecimos “a la intemperie”, como dijo Mardones cuando nos recibió por primera vez, aprendimos a crearnos nuestra propia forma de financiación y no le tenemos miedo a trabajar sin la contribución estatal. Es cierto que nos presentamos a cuantos fondos públicos haya y aprovechamos al máximo todo tipo de apoyo estatal. Pero si un día desaparecen, estaremos en condiciones de seguir haciendo Montevideo Comics. Tal vez sea más chico, más comercial, o distinto en contenidos; ahora es imposible preverlo. Pero seguirá existiendo mientras queramos.



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Matías Castro
Montevideo, 1976.
Periodista freelance, codirector de Montevideo Comics y ex estudiante de derecho. Trabajó en El País entre 2006 y 2013. Colabora ahora con El Observador, La Diaria, El País Cultural, las revistas Dossier, Seisgrados y Lento y ha escrito cinco libros de investigación y divulgación entre los que están “Terra Ignota: historia de Uruguay en la Antártida”, “Las dos muertes de Dionisio Díaz” y “Juegos tradicionales en Uruguay”. Ha sido editor de los libros de clásicos uruguayos de historieta que se regalan junto a la entrada del festival Montevideo Comics.
En su primera etapa periodística trabajó en el Semanario Brecha (secciones Cultura y Sociedad), en la revista Placer Gourmet Magazine y en Factor S. Fue también editor del libro Historias de la Calle, recopilación de entrevistas a gente en situación de calle, publicadas en la revista Factor S.

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