Pensar el género en la gestión cultural

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 Obra: Tree Life, 1976 – Ana Mendieta 
Por Gestión Cultural UY

El mes de marzo con el día internacional de la mujer se transformó en una pausa propicia para analizar, pensar y construir los nuevos horizontes de la equidad de género como núcleo fundamental de los Derechos Humanos. La agenda pública se llena de diversas actividades que buscan poner el debate sobre la situación de las mujeres en distintos ámbitos sociales. Este breve artículo busca ser un aporte para poder entender la complejidad del fenómeno.

En primer lugar, es necesario entender que la desigualdad y la violencia son sistemáticas e históricas. A lo largo del tiempo se fueron conquistando lugares que eran reservados para el género masculino, entre ellos la creación artística. En la actualidad, tenemos más personas -que no responden al ideal hegemónico de masculinidad- comprometidos con el mundo de las artes pero que siguen siendo marginales. Se vuelve necesario seguir fomentando la participación y los espacios de creación en igualdad de oportunidades para todos y todas.

En segundo lugar, es necesario pensar desde la categoría analítica que implica el género para superar los binomios de hombre/mujer y sexo/género, que limitan la comprensión compleja de esta problemática y la transversalidad del tema. El género es una construcción social que forma parte de nuestro entramado simbólico, lo que nosotros construimos, definimos y jerarquizamos, los valores que colectivizamos para vivir en sociedad. La manera en que una sociedad define las categorías hombre, mujer, trans, gay, etc., determina las posibilidades de que una persona logre tener una vida plena en función del género que se le asignó. Por lo cual, el problema es cultural y para ello precisa de acciones concretas en este ámbito, que en definitiva es el de las representaciones sociales.

En la gestión cultural, esto es una llamado de atención por la responsabilidad que implica trabajar en ese entramado simbólico, para no ser reproductores de la violencia, sino agentes de cambio. Esto no quiere decir que el único camino es el diseño de proyectos que tengan esta temática como base, sino que en todas las cosas que proyectamos debemos considerar en qué medida, por omisión o ignorancia, podemos ser cómplices de una cultura que reproduce situaciones de desigualdad y violencia.  Debemos crear, generar contenido, ejecutar, formar equipos, dividir roles y tareas, transversalizando este tema todos los días desde la base y con la mayor conciencia posible; evitando asociarlo únicamente a los momentos o emprendimientos donde nos vinculamos a las cuestiones de género como materia prima específica.

La gestión cultural no puede ser ajena a esta situación. Pero el compromiso no se agota con un evento en el día de la mujer. Debemos velar por un diseño y una gestión responsable y holística en temas de género, para que todos y todas tengan la oportunidad de construir, de aportar a partir de sus identidades, bien singulares y subjetivas.


Por editorial GCuy

 

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