Recibiendo al teatro del litoral y el más allá


Por Evangelina Perroni

Se necesitaron tres días para descubrir el verdadero sentido de la hospitalidad, tres días en los que se desarrolló el séptimo Festival Internacional de Teatro del litoral y el más allá.

En esas jornadas se realizaron siete obras de teatro provenientes de Paysandú, Carmelo, Las Piedras, Montevideo, Buenos Aires y Fray Bentos.

Conversamos largo y tendido con el actor, director, dramaturgo, docente y coordinador del festival Leonardo Martínez.

 

¿Cómo empezó todo?

 

Al principio fueron las ganas de juntar en un mismo evento amigos por afinidad como por cierta búsqueda estética en común. Nos imaginábamos en un evento que nos nucleara en un mismo tiempo/espacio para poder también invitar a más amigos y agrandar la barra de teatreros. Comenzó en el año 2010, surgió desde Carmelo pero también con cabeza de compañeros sanduceros. La sede quedó oficializada en Carmelo, será porque fue el grupo Decartón el que se animó a hacerlo, y también vimos que territorialmente tienen a favor la cercanía con Buenos Aires y Montevideo. Muchas veces captamos grupos que estaban en algún festival de Buenos Aires y es simplemente cruzarse a Carmelo, también hubo grupos de Bolivia y Colombia. El festival tiene un importante anclaje territorial, el litoral uruguayo, entre Paysandú – Carmelo y más al sur de Colonia, por eso lo del litoral y el más allá, ya que también invitamos grupos que están por fuera de la franja litoraleña.

¨Técnicamente es un encuentro más que un festival¨

Porque se da más el intercambio concreto entre las personas. En los festivales internacionales en los que hemos participado, tanto con la gente de Imagina, Decartón o con Sin Fogón, vas y actúas y no ves a nadie de otros elencos, entonces no se da esa charla de intercambio, ver cómo gestionás tu sala, qué estás proyectando. Eso es lo que los Festivales en general hacen en el mundo. Pero también hay otro tipo de festivales más independientes como este que es más de encuentro, compartiendo cómo gestionamos, proyectando cosas. Hasta hemos llegado a pensar creaciones teatrales en conjunto, con actores de Paysandú, de Montevideo.

 

¿Qué tiene este año de particular?

 

Este año decidimos hacer el festival más íntimo, ya que veníamos haciendo muchos espectáculos en la calle y teatro para niños, decidimos volver a la raíz de quienes tenemos como ese “sentir litoraleño” de este festival.

Los amigos a los que les dan ganas casi sin ser invitados de venir, pero a su vez, siempre igual nos sale el desdoble de invitar gente que no ha venido, como es el caso de Espacio Libertad de Buenos Aires, grupo que conoció un compañero haciendo un seminario de Pedagogía teatral, tuvo afinidad, y los invitó al festival.

Hay una cosa de piel que está instalada, también vino por primera vez una obra dirigida por Coco Rivero y actuada por Soledad Gilmet. En este caso, intuimos que se iban a sentir identificados con la forma del festival que es muy casero, de entre casa de venir y barrer,  lavar los platos, salir a vender rifas.

 

¿Cómo se gestiona el Festival?

 

El primer año fue básicamente muy a pulmón, hasta poniendo unos pesos y con algunos sponsors haciendo canjes, como por ejemplo, hotel, comida, pasajes, etc.

Después seguimos potenciando esa forma del canje cada vez más ya que el festival tiene una mayor visibilidad y recepción en la sociedad carmelitana, por lo tanto en lo comercial te apoyan mucho, te dicen que sí cada vez más.

El festival se ha ido instalando en la gente a lo largo de los años. Ahora, si vas con la propuesta de que hacés un festival de teatro te conocen y ya te dicen ahhh sí el festival, antes era onda: ¿el qué y para qué? pero ahora ya tiene más sentido en la gente.

También  hemos accedido a un mayor apoyo del municipio de Carmelo, lo cual es muy favorable porque hay un ejecutivo puntual a quién pedirle dinero en el pueblo y no tenemos que ir a la intendencia necesariamente.

La intendencia por su parte también ha accedido a ayudarnos, y ni que hablar de que ha sido importantísimo a partir de la quinta edición el INAE (Instituto Nacional de Artes Escénicas), que nos da un dinero fijo para el festival.

 

¿Cómo articulan con otras instituciones y espacios?

 

Daniela, nuestra compañera, se encarga de sacar el festival a otros espacios, comunicándose directamente con jefes y gestores. Por ejemplo, el teatro Uamá tiene un gestor que depende de la Intendencia de Colonia, llamamos y reservamos el teatro, por lo general, siempre está a disposición del festival en las fechas que lo hacemos.

Otras veces se han hecho funciones en el museo del Carmen, con este museo tenemos una cosa más familiar porque el grupo Decartón en sus inicios ensayaba y estrenaba sus obras allí. Con cada espacio hay distintas formas de vínculo, algunas son más cercanas, otros más institucionales. Hemos ido a hablar con comisiones de barrio para ir a hacer funciones en plazas de la periferia de Carmelo, vamos variando año a año en qué espacio se desarrolla el festival.

Siempre estamos respaldados por el sí de distintos actores de la sociedad de Carmelo. Para el alojamiento, por ejemplo, este año nos dieron las llaves del gimnasio del liceo y todos los colchones, el año pasado nos dieron la llave de la plaza de deportes.

Gente que en un pueblo te da la llave para que vos hagas y estés ahí con total confianza también es una cosa singular, algo lindo de calidez que se mantiene en este rincón del mundo.

 

¿Cómo se programa y por qué en esos días?

 

La mayoría de las veces programo yo, el grupo me da su confianza, en el mismo ocupo el lugar de director artístico y se que tengo la confianza de otros compañeros.

Más o menos voy programando aunque siempre está abierto a invitar y proponer, como en el caso del compañero Fernando que propuso a las chicas de Buenos Aires, yo no vi la obra y hago confianza en lo que él dice. Así ha sido la programación a lo largo del tiempo.

Empezamos tres días y después lo alargamos a una semana, teníamos un par de elencos que alojábamos entre semana con los que íbamos a las escuelas con cosas para niños, un poco más si se quiere como de militancia, de ir a rincones.

El festival tuvo algunas ediciones que salía de Carmelo, por ejemplo, se realizó en Juan Lacaze, Cañada Nieto en escuelas rurales, cosas así han ido sucediendo, a veces las repetimos otras no, según el año y las personas que lo organizamos.

 

¿Cómo responde el público carmelitano al festival?

 

Ayer, por ejemplo, hubo una función en el Uamá y yo pensé que iba a haber 20 personas y hubo 60, eso fue una sorpresa linda. En la Caja (espacio que gestionan) hemos venido trabajando para darle más frecuencia a los espectáculos y se estaba llenando la sala ya que acá que entran 50 personas. Fue un triunfo poder meter 50, en promedio venían 15 o 20.

Ha ido creciendo el respaldo de la gente, también por la visibilidad, y esto ha hecho que se llenara el Uamá anoche y también la obra que se realizó en La Caja.

Cuanto más tiempo y más frecuencia está el evento que se espera, más se responde del otro lado, como esa cosa comercial si se quiere, si vos tal día a tal hora a vender tortas fritas, la gente va a ir a comprarte.  Además se genera una vivencia que es también extra cotidiana, como por ejemplo: cada tanto sale una barra a rifar un lechón, hace música en la calle, zancos, etc.

Siempre se hace en esta fecha, tratamos de que caiga en estas fechas por la simpatía del 2 de noviembre que tiene como eso del más allá, como esa cosa mística; es un festival también para invocar a algunos espíritus.

El chancho viajero

El chancho viajero es una rifa de un chancho asado, salimos con el chancho en un carrito como que se está asando en el momento, pero en realidad ya está cocido, hacemos una puesta en escena ponemos unas leñas con humo y vamos cantando y ofreciendo los números de la rifa a la gente que pasa. Es una particularidad, casi como un sello del festival para tener una presencia en la calle y a su vez sirve para recaudar unos pesos para cuestiones operativas del festival. Además, tiene algo de fiesta pagana, de barbarie, que está interesante.

Es muy particular, tanto para la gente de Carmelo como para la gente que viene de otro lado, se enamora de ese evento porque es muy singular.

Marco Teórico

Hay una idea más política de fondo, Dubatti habla de que no podemos cambiar el sistema porque no están dadas las condiciones, pero si podemos juntarnos en espacios micro políticos para construir subjetividad alternativa, creo que eso sería una especie de marco teórico del por qué también hacemos esto. Además de la fiesta de los amigos, hay algo sólido debajo que es una necesidad y un pienso de intentar construir subjetividad alternativa.

Pensar a nivel micro por fuera de la normativa hegemónica, por solo unos días, unos minutos, en unas obras.

El contrato con el público es el de estar juntos un tiempo en el teatro, no son espectadores que vienen a ver lo que hicimos , que a nosotros nos parece genial o que diga cosas muy interesantes, sino que les proponemos estar juntos pensando algo, emocionándonos con algo, esa idea de estar juntos creo que la compartimos en las propuestas teatrales.

 

¿Qué grupos acompañaron al Festival este año?

 

Decartón (Carmelo), Imagina teatro (Paysandú), Teatro del Arca (Las Piedras), Teatro Sin Fogón (Fray Bentos), Espacio Libertad (Buenos Aires), Colectivo La tijera (Montevideo) , El Almacén (Montevideo).

El festival se fortalece por diversidad, por ejemplo, Estívaliz Solís  se acercó a nosotros como investigadora, hizo una investigación sobre el teatro del litoral y después de eso llegó como creadora, con el espectáculo que ahora trae con su grupo La tijera. También la gente de El Almacén que nos acompañó este año. Son un  grupo de jóvenes egresados de la EMAD, con diferente formación y formas de acceder al teatro y eso está bueno también.

Es realmente novedoso en Uruguay que exista esta red de teatreros independientes que se reúnan en un festival ya que hay pocos festivales de este tipo en Uruguay, está el “Perimetral”, que tiene una onda parecida y el FIDAE que nada que ver, no tiene lo del encuentro.

Quién te recibe y cómo te recibe es importante y eso también se refleja en las obras, eso está en crisis hoy; el cómo  recibir al otro. El otro hoy es el enemigo, un sospechoso, un posible agresor y realmente hacer un evento donde el otro sea un igual o alguien que con todas sus diferencias puede compartir, es un hecho político.

Se comparte mucho todo el tiempo, la comida, los espectáculos, vender rifas, está bueno ésta cosa de las hospitalidad, recibir al otro sin restricciones, que es distinto a la tolerancia.

El concepto de seguridad imperante lo veda, lo restringe porque si vos querés estar seguro, el otro no entra en tu seguridad, es tremendo.

El espíritu del festival desafía eso porque es necesario juntarnos, conocer al otro, que el otro nos muestre, recibirlo y compartir, eso es lo que hacemos.



Evangelina Perroni es Licenciada en Ciencias de la Comunicación y Técnica en Diseño Gráfico.
Además fue docente honoraria en el área de Comunicación Organizacional en la Facultad de Información y Comunicación (UDELAR). Se ha capacitado en áreas de marketing y gestión de medios, con foco en redes sociales. Cuenta con experiencia en gestión de redes sociales, comunicación interna, desarrollo de contenidos multimedia, planificación estratégica, producción audiovisual y organización de eventos.
Tiene experiencia en gestión de proyectos de desarrollo sustentable y cambio social.
Trabajó como productora audiovisual para Bicentenario Uruguay, realizando varios productos.
En su cuidad natal, Paysandú, trabajó en empresas del área comercial y forestal como responsable de
marketing y comunicación.

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