Siempre ganan los mismos

nasser-graffiti[symple_divider style=»solid» margin_top=»5″ margin_bottom=»5″]  Foto tomada del diario  La República
Por Salvador García

[dropcap]L[/dropcap]os Premios Graffiti son una ceremonia anual en la que se reconoce y premia el trabajo artístico vinculado a la producción musical nacional. La primera celebración fue en 2003 y al día de hoy va por su edición      N°14. A lo largo de los años este evento ha logrado posicionarse como una referencia para quienes buscan obtener un pantallazo de lo que está sucediendo en la escena musical uruguaya a nivel mediático.

Las inscripciones son abiertas y cualquiera puede presentarse sin mayores trámites más allá de haber sido editado por un sello o no. Para postularse se debe completar un formulario breve y presentar dos copias en formato físico de la obra que se quiere inscribir. En la última edición, se postularon más de 250 discos con la intención de ser nominados en alguna de las 35 categorías que actualmente existen. 43 periodistas y comunicadores que trabajan en medios vinculados a la cultura fueron los seleccionados para conformar el jurado encargado de elegir las 5 mejores propuestas para cada categoría.

Si bien la participación de discos editados de forma independiente o a través de sellos digitales y colectivos ha crecido a lo largo de cada edición, la gran mayoría de los trabajos presentados y nominados se concentra en materiales editados por los sellos Bizarro y Montevideo Music Group, seguidos desde cerca por Ayuí – Tacuabé, Perro Andaluz y Sondor. En el catálogo de estos editores se reúne la mayoría de los discos nominados y premiados desde la primera edición.

En las instancias en donde se reconoce públicamente el trabajo artístico, ya sea por parte del Estado o bien desde el ámbito privado, surge un comentario ineludible que se repite y se hace eco en pasillos y redes sociales: “Siempre ganan los mismos”. Acotado al circuito musical, basta pensar en casos como los Fondos Concursables del MEC y el FONAM, en donde cada año se desatan las mismas polémicas como un eterno loop lleno de debates sobre por qué se apoya a tal o cual artista. La mayoría de las veces las discusiones se estancan, se calman y vuelven a aparecer el año siguiente. Conjeturas de supuestos amiguismos, sospechas, rumores, en fin, a cualquier persona relacionada con el ambiente cultural uruguayo se le ha cruzado por la cabeza aquello de que “está todo arreglado”.

Los que criticaban un día se postulan, los que ganaban siempre un día pierden, los que se presentaron ganan y se callan, los que se quejan no toman acciones. En este sistema, autorregulado por la repetición de nombres favorecidos, se delimita una especie de escena oficial y se establece una estética del trabajador profesional de la música como modelo a seguir para participar en las esferas más altas del circuito musical uruguayo.

Si existe una escena musical oficial en Uruguay, no se puede negar su endogamia. Claro que tampoco se le puede atribuir esta característica solamente a un circuito en particular (ya que en todas las pequeñas escenas también se repiten los mismos apellidos tarde o temprano) pero es importante ensayar algunos argumentos que ayuden a salir del lugar de la queja y nos permitan dilucidar mejor los problemas que señalamos año tras año cada vez que se hacen públicos los ganadores de este tipo de premios.

 

lucas[symple_divider style=»solid» margin_top=»5″ margin_bottom=»5″] Foto: Agustín Fernández 

En el caso de los Graffiti se caracterizan por ser premios relacionados sobre todo al rock, aunque cabe aclarar que cada vez cuenta con más espacio para destacar la producción musical en otros géneros. En los últimos años han tratado de adaptarse y diversificar las categorías, ampliándose y generando nuevas etiquetas como “pop alternativo” o “indie” intentando incluir a artistas de escenas menos visibles mediáticamente. Esto último es una tendencia común en las premiaciones internacionales: la constante apertura a nuevos géneros que emergen conforme evoluciona la producción musical.

La estructura de los Premios Graffiti se amolda, pero en las bases no cambia. El nudo del problema es que las instituciones que están detrás de esta ceremonia sí son las mismas de siempre, y es allí donde la diversidad cultural no se ve representada. Si el “siempre ganan los mismos” se aplicara a los sellos mencionados y a instituciones como AGADU, Cámara Uruguaya del Disco, SUDEI, AUDEM, ProMuy, la afirmación sería muchísimo más acertada.

Un punto de partida que suele dejarse de lado es que el origen de los Premios Graffiti coincide con el auge de aquello que se quiso denominar nuevo rock uruguayo sobre la década de los 2000. La quietud y falta de novedad en la industria musical durante los años 90 se condensó apenas comenzada la siguiente década con la emergencia de concursos de bandas televisados, festivales maratónicos de asistencia récord a nivel local y la reaparición de los íconos de rock que habíamos dejado de tener (si es que alguna vez los tuvimos). Aquel rock encontró en miles de jóvenes liceales sin una identidad musical un público receptivo y dispuesto a seguirlos a todas partes. Los programas de radio y televisión dedicados al rock uruguayo se multiplicaban y daban la sensación de buena salud de una escena rockera con identidad uruguaya.

 

trotsky-la-republica[symple_divider style=»solid» margin_top=»5″ margin_bottom=»5″] Foto: tomada del diario La República  

 

La cultura de otorgar estatuillas como reconocimiento mediante un show público, ampuloso y masivo suele alimentarse de una cultura de farándula. Aquel nuevo rock uruguayo sirvió de bálsamo para reforzar una idea que es intrínseca al rock, la de los íconos, referentes, famosos influyentes en las vidas aburridas de los ciudadanos comunes.

En Montevideo, las “personalidades de la cultura” se encuentran en cualquier calle y hasta pasan desapercibidas, visten de manera bastante discreta y no responden a ninguna estética en particular. En la era de la imagen y la venta de productos que deben entrar por los ojos primero, nuestros íconos simplemente no encajan. Entonces la industria cultural los inventó, la corrección política los guionó, el sistema de medios de comunicación los acunó y la sociedad les creyó, dando como resultado una escena más vendible, más adaptada al mercado, más plausible de profesionalización. Más Pilsen Rock.

Es llamativa la cantidad de proyectos musicales que siguen surgiendo con la misma impronta de aquel momento, bandas que se parecen mucho a bandas que ya se parecían entre sí. Quizás debamos dejar de sorprendernos y/o indignarnos con los eternos regresos de bandas exitosas de esa época en la actualidad y debamos comprender tanto creadores como consumidores y generadores de cultura que ese lugar es el del negocio, no el del arte ni el de los artistas.

Los Premios Graffiti son legitimación, aval estético, lobby mediático, show. Claramente no podemos esperar que este evento represente a toda la producción musical, lo que no significa que tengamos que desistir en la lucha por cierta equidad entre bandas emergentes y bandas establecidas en los distintos circuitos culturales y progresivamente ir abandonando la falsa dicotomía “postularse sí o postularse no”.

No es extraño que en la industria cultural haya intereses mezclados e intercambio de favores entre sellos comerciales y empresas. No es extraño que existan intereses para posicionar a determinados artistas con más urgencia que a otros. No es extraño que se acuerden cuotas de “artistas nuevos” o “revelación”. Este tipo de eventos se trata básicamente de eso. No podemos esperar que los premios nos representen cuando las instituciones que están detrás no tienen una mínima base de socios que se sientan representados realmente por estas.

Por más que nos pese, que siempre ganen los mismos tiene sentido.

 


salva

Salvador García, músico nacido en Maldonado en 1984. Docente de Expresión Musical y Teatro. Compone canciones desde los 15 años y ha sido parte de varias bandas de diferentes estilos. Lidera la banda Limpiando Encontré Monedas con la que grabó el disco “Un paseo en Bicicleta” en 2012. Fue nominado por los Premios Graffiti en 2016 en la Categoría Mejor Album Indie por «Todavía las nubes«.

Forma parte del Colectivo Esquizodelia y coordina el sello copyleft Vía Láctea Ediciones.

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