Sobre el oficio de ser crítico

Nelson Di Maggio Crítico de Arte Montevideo Uruguay

Foto Matilde Campodónico 
Por Adela Dubra
“Para ser un buen crítico de arte tienes que ser capaz de ganarte un enemigo por semana y aun así nunca quedarte sin amigos».
Peter Schjeldahl. Crítico de arte del New Yorker

 

Es dura la vida del crítico. Siempre lo ha sido. Hasta que apareció internet, los periodistas solían decir: “El destino de nuestras notas es que el papel de diario se use para forrar el tacho de la basura o envolver los huevos”.

Se ha discutido mucho la labor del crítico, aquí y en el mundo. Hoy, gracias a las redes, todos somos críticos. ¿Hay lugar para los críticos profesionales? Con cada nueva crisis, vuelve el debate. ¿Quieren los medios pagarle a un crítico para que hable de cine o arte? ¿O para que critique un libro? ¿A “la gente” –expresión tonta para referirse a una entidad tan manoseada– le importa?

En Uruguay la situación es bastante peculiar. Prácticamente no queda quien se llame a sí mismo “crítico”. Prefieren definirse como “divulgadores” o “reseñistas” o decir simplemente “escribo de cine”. La palabra ha caído en desgracia. Se dice que “la crítica ya no existe” cuando eso no es así en Inglaterra o Estados Unidos. Pero aquí se la he escuchado a gente como que fuera un fenómeno mundial.

Uruguay tuvo una época de oro: Emir Rodríguez Monegal y Ángel Rama alcanzaron prestigio fuera de fronteras como críticos literarios; Homero Alsina Thevenet (HAT) escribiendo de cine.

Se dedicaban sólo a su profesión y a formarse. No tenían, como es común hoy, dos o tres trabajos. No tenían a mano la información que nosotros tenemos. Leían mucho, iban al cine, al teatro, se reunían en cafés para cambiar ideas. En Montevideo se editaban cinco diarios en la mañana y cinco en la noche. Los críticos salían de las funciones a escribir de apuro una primera impresión de lo que hubieran visto para que al otro día saliera una reseña. Se sacaban chispas. Esa no es la realidad de hoy, donde quedan pocas publicaciones con secciones culturales vigorosas.

Los jefes de redacción solían alentar a los críticos a que fueran duros. “Solamente los que son duros pasan a la historia”, decía el jefe de un semanario montevideano. Si un actor se aparecía enojado queriendo pegarle al crítico teatral que lo había destrozado, de alguna manera eso se festejaba. Era su trabajo ser duro. Cuando Elvio Gandolfo hizo una crítica feroz a Mario Benedetti, “El Viejo” tuvo un ataque de asma importante. Existían críticos que se metían con las vacas sagradas. Ese no es el tono que hoy se privilegia.

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Esta semana va a ocurrir un hecho inusual: un grupo de personas de la comunidad artística entregará una medalla al más duro de los críticos de arte: Nelson Di Maggio. Cuenta la leyenda que hay artistas que dejaron de exponer por alguno de sus juicios. Es agudo y ha sido severo, muy severo, en sus notas.

Pero aun así, un grupo de personas del mundo del arte consideró que merece un reconocimiento en vida. Porque es su trabajo ser duro. Y Di Maggio tiene ojo, esa condición imponderable que es requisito fundamental para ser crítico de arte. Es obstinado y ha seguido con rigor la carrera de los artistas. Hasta hoy, a sus 88 años, recorre todas las muestras que inauguran. Aunque estén en una oscura fundación que casi nadie visita. Di Maggio vio la primera muestra de todos.Las peores notas sobre mi obra las escribió Di Maggio; las mejores también, dicen algunos.

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Somerset Maugham aseguraba que los artistas piden críticas pero en realidad solo quieren halagos. Cómo va a influir en los creadores uruguayos el hecho de que la crítica esté tan de capa caída, es un interrogante y puede ser riesgoso que un creador no tenga quien lo critique. Oscar Wilde dijo “Una época sin crítica es una época en la que el arte no existe”. Hoy en la mayoría de los casos se escriben notas, se difunde, pero prácticamente no se critica. La Asociación Uruguaya de Críticos de Arte se disolvió hace seis años.

En el reconocimiento a Di Maggio va también implícito uno a críticos del pasado que ya no están y que hoy no se estudian ni se citan. Eduardo Ferreira (1869-1945), el decano de la crítica de arte, está completamente olvidado. También escribieron Cipriano Santiago Vitureira, Eduardo Pombo, José Pedro Argul y dos extranjeros que actuaron aquí, Jorge Romero Brest y Hans Platschek.

Más cerca en el tiempo brillaron María Luisa Torrens, Roberto de Espada y Amalia Polleri, entre otros. Sus notas, algunas de ellas tan meditadas, corregidas y documentadas, no se consiguen y el público prácticamente no los conoce.

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Ilustración Fernando Alvarez Cozzi 

Este jueves 21 de abril se dará una medalla a Di Maggio y la iniciativa dio lugar a que se formara A.N.D.A.R (Academia Nacional de Arte), ya que los artistas visuales no están reunidos en ninguna agrupación. El grupo de trabajo de A.N.D.A.R incluye a coleccionistas y periodistas, lo cual es un cambio de paradigma: la idea es que se sumen rematadores, galeristas, curadores y no quede circunscrito a una asociación de artistas. El mundo del arte hoy es más complejo y si la idea es vigorizar el mercado -concepto que dejó de ser mala palabra- tienen que poder sentarse en una mesa todos los jugadores. La medalla se seguirá dando todos los años y la idea es que la premiación crezca y se entregue en varias categorías. Depende del apoyo que dé la comunidad artística.

En tono de broma, estos últimos meses cuando se supo lo del reconocimiento a Di Maggio, comentamos que los artistas que participaban quizá padezcan el Síndrome de Estocolmo. Alguno de los que trabajaron por el premio no le tienen simpatía y hay alguno con el cual hubo un tiempo que no se saludaron. A Di Maggio varios le han retirado el saludo en su vida.

Di Maggio está feliz. En cierto momento sospechó que el reconocimiento estaba teniendo aire a algo oficial y dijo que no lo aceptaba. Jura que hubiese rechazado la ciudadanía ilustre.

Preguntó cómo va a ser la medalla. No le dijimos. Rió un poco: “¿Y qué va a decir? ¿Qué inscripción pusieron? Miren que si no me convence, capaz que la rechazo”. Di Maggio hasta el final. 

Participan del reconocimiento: Enrique Aguerre, Martin Craciún, Adela Dubra, Clever Lara, Fernando López Lage, Luis Mardones, Claudia Piazza, Emma Sanguinetti, Martín Sastre y Pablo Uribe.


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Adela Dubra. Periodista y escritora. Integra el grupo de trabajo que creó este reconocimiento a Nelson Di Maggio. Ejerce su oficio en radio, televisión y prensa. Fue crítica literaria y de arte en el Semanario Búsqueda; también se desempeñó como editora de la revista Galería.

Es autora de “Vivir a lo loco”, un retrato de Rosa Luna, de “De puertas abiertas” sobre la historia de Galería Latina y de “Basta de tanto”. Se formó en museología con expertos del Museo Guggenheim de Nueva York. 

En su carrera ha recibido distinciones como la Legión del Libro (otorgado por la Cámara Uruguay del Libro), el Bartolomé Hidalgo Revelación y el Premio Manuel Oribe a su trayectoria como periodista cultural.

Twitter: @adeladubra

1 Comments

  1. Creo que el oficio de ser crítico no tiene mucho sentido. ¿Uno lucha y estudia para crear y viene otro y te destroza sólo por ser duro? Si era una carrera o un «oficio», desde su nacimiento estaba condenada a muerte…
    Las obras perdurarán en el tiempo, pero nadie va a recordar quienes eran sus más acérrimos críticos…

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