Un grito en el encierro

Por Anna Pignataro

Agarrar el guante de Cinthya y responder al llamado para reflexionar en conjunto sobre nuestro rol de actores de la cultura en este panorama sanitario global me da la oportunidad de bajar al papel ideas y sentires que hace días invaden mi mente. Por ello lo primero que tengo para decir es gracias, necesitaba hacerlo.

Ya que estamos, sigamos buceando en algunas palabras que suenan a diario y que no puedo dejar de percibirlas bastardeadas: miedo y empatía. 

¿Miedo a qué?¿empatía hacia quienes? 

En un contexto como el que transitamos somos los trabajadores de la cultura los últimos en ser mencionados como relevantes y en muchos casos invisibilizados ante otros sectores que pueden resultar más sensibles. Sucede que las actividades culturales han sido las primeras en detenerse y su continuidad o viabilidad pasaron a ser una incertidumbre. Es precisamente esta la tercera palabra que me retumba hace días: incertidumbre.

Si vamos al diccionario de la RAE encontramos la tan simple y concisa definición de “falta de certidumbre”; vaya lumbreras!!! eso está clarísimo…ahora traigamos esa carencia a nuestro mundo de la gestión cultural.

Los gestores culturales  tenemos algo de kamikaze, trabajamos con la incertidumbre, una cuota siempre está presente en nuestra tarea y es nuestro rol  tratar de minimizar los riesgos al máximo. Sin embargo el nivel de inseguridad, carencias y dudas reinante actualmente nos tiene paralizados. 

Más allá del cúmulo de ideas que puedan surgir en el caos que nos circunda, pues se dice que el caos es una oportunidad, no puedo dejar de pensar en el aspecto sistémico de nuestra tarea y cuánto de los perjuicios actuales se proyectarán varios meses. Se siente extraño hablar para coordinar algo hoy con terceros con proyección a seis meses por ejemplo; mientras los artistas siguen creando, lo cual también es su vía natural de escape, los gestores debemos manejar la incertidumbre… menuda tarea lidiar con el miedo propio y ajeno y lograr posicionar en un medio asediado y devastado, que la cultura también requiere de empatía porque los hacedores del alimento para el alma humana también necesitan comer.

Mientras proceso todo esto, entre el encierro y la incertidumbre, subo a la azotea porque necesito gritar.

Anna Pignataro Otman (1964) es Licenciada en Comunicación, egresada de la UDELAR y Especialista en Comunicación Organizacional de la UCU. Se formó como maestra de educación primaria y realizó especialización eneducación artística en las áreas de expresión corporal y plástica. Por más de quince años ejerció la docencia en nivel inicial y primaria y como tallerista especializada con niños, adolescentes y adultos hasta 1999. 
Como Gestora Cultural se ha formado en diversas instituciones de nuestro medio entre ellas Fundación Utaú. En dicho rol ha diseñado y coordinado proyectos socio educativos de arte para niños y adolescentes para diversas organizaciones culturales ( las tres ediciones de Puerto Contento en Fundación Buquebús, el programa de orientación vocacional Yo sueño Ser de Nevex) y díseñó y dirigió el Programa educativo de la Primera Bienal de Montevideo. En 2004 Ingresó por concurso al equipo de gestión del Teatro Solís desempeñándose como Coordinadora del Departamento de Educación hasta el 2018, año en el que pasa a integrar el equipo de gestión del Instituto Nacional de Artes Escénicas. En el Teatro Solís ha diseñado el Programa de Formación de Públicos, el Programa de Formación Profesional, el Programa de Visitas guiadas, el Programa de arte en el Penal de Punta de Riele  el Programa de Arte, DDHH y Convivencia Ciudadana junto al Instituto Interamericano de DDHH. Asimismo ha sido la responsable decontenidos de los materiales educativos de los.programas mencionados. En el Instituto Nacional de Artes Escénicas es responsable de programas de alta formación en artes escénicas y gestora de contenidos del portal Dramaturgia Uruguaya.

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