Una mirada de la 2da edición #MeriendaGCUY

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Por Nicolás Echevarría
Foto en Twitter de  @manurivoir
La experiencia de lo vivido ayer en la #MeriendaGCUY nos tiene super felices. Y mientras reflexionamos previo a la etapa de evaluación, nos enriquece escuchar sentires, consejos y opiniones de los participantes.

Que nos cuenten cómo lo vivieron, en qué conceptos se quedaron pensando, qué idea les llamó más la atención, con qué sensación se quedaron.

En este post compartimos esta amorosa crítica de nuestro colaborador, Nicolás Echevarría.


Video en Instagram de @carolina_fotos_uy

Sabiendo que desde adentro se pueden ver puntos flacos que el ojo del público no ve; con la facilidad del ser humano de ver los momentos no excelentes y hacérsele difícil exaltar los brillos, la palabra de las demás personas son, sin duda alguna, el equilibrio al sentimiento.

Veamos de rescatar parte de las apreciaciones de ayer…

Lo bueno, es que fue un evento cálido, ágil, dinámico, donde las personas estaban en el living de su casa, de la casa de las ideas y desde allí se posicionaron. Ya con ese punto de partida, todo es positivo.

Lo rico, el aroma a café que llegaba, te golpeaba y sacaba a bailar; los bocados que se disfrutaban al ojo… lo sencillo expuesto a las papilas gustativas.

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Foto en Twitter de  @WhatFotoMag
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Foto en Facebook de Matías Ribeiro

Lo grato, el juego entre la palabra hablada de los tres mosqueteros y las imágenes sobre sus seres, cerrando el circuito del relato.

Lo sentido, las palabras en acordes de experiencias. Iniciando en lo aparentemente más estructural de las ideas hippies de una vida integrada al entorno, entre chapitas y barros, de soles y lluvias, de integración humana, de lo insensible del Estado, de la sonrisa a la foto, de la comunidad empoderándose de la aventura de un paladín que conquistó sus amistades y supo aprender la esencia de las manos, corazones, sudores, caras tristes, silencios y algarabías de los abrazos del camino.

Pasando por caos en armonía de un colectivo en movimiento, que tienen sus voces cantando a todos lados y se encuentran en la aventura de amalgamar los respetos y seguir en marcha hacia el viento de la bajadita de convención besando la calle durazno. La comunión del disparate y el desencuentro con toques de organización humanizada; la experiencia de amigos, de borracheras de las ideas que sigue abriéndose paso, entre el relato sin contractura que fue ganando confianza y cariño.

Terminando por una experiencia diferente, la personal, de la búsqueda de las identidades… desde la negritud arrinconada en la historia, que busca desde el lente mostrar que la vida es más que el estigma y que la visualización hace al encuentro de la integración social y la armonización de una sociedad que sigue tan pacata, elitista, conservadora, racista, discriminadora. Y que esa mujer que va abrazada a las ideas y arremete y se interna en pensiones de la Ciudad Vieja, y nos refleja el efecto migrante, tan igual al de los nuestro afuera, tan dispar en las apreciaciones… del sur es una quimera, al laburo intenso de jornadas eternas, al emprender con alegría para surcar los días. Colectividad que nos debe mover los cimientos, contagiarnos de sus notas, que debemos darle cabida.

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Foto en twitter de @maruisg
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Foto en twitter de @maiz_produ

Lo sonoro, que va por lo técnico del audio que arrancó entre tormentas y culminó en el arrullo tierno.

Lo distorsionante, la mesa contigua a la charla que aglomera apetitos sin sentido. Esto no va en clave problema de la organización, va en el encare de las personas que por momentos priman la sed y mordisco al oído.

Por acá va la cosa, una linda noche compartida, una aventura salir del confort de mis cuevas y estar allí entre personas sentidas.

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Foto Nicolás Echevarría

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Nicolás Echevarría Garcia, criado entre libros, músicas y ambientes de profundas charlas, comenzó a amar la lectura recién en la adolescencia. Estudió economía, convivió en un mundo estructurado, recorrió varios caminos y aprendió a decontruirse hasta sentir cada instante de esta vida. Camina constantemente para poder perderse entre los paisajes cotidianos.

 

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