Uruguay: migración, identidad y familia

Por Lía Pérez

Uno de los fenómenos de mayor relevancia contemporánea es la migración humana. La movilidad a nivel mundial ha llegado a niveles nunca antes alcanzados, según el autor Estitxu Pereda, debido a las “crecientes diferencias de desarrollo entre hemisferios, el aumento de la interdependencia económica global, la revolución de las nuevas tecnologías y de los medios de comunicación, así como la creciente conflictividad mundial” (2006, p. 2).

En los últimos años me he interesado por el impacto social, económico y político de las nuevas olas migratorias que recibe nuestro país. Con la llegada de inmigrantes nuestra sociedad se nutre de influencias culturales que la transforman año a año en una sociedad donde conviven distintas culturas. Me resulta exquisito buscar decodificar, analizar, interpretar y comprender las nuevas unidades familiares interculturales de la sociedad uruguaya y la construcción, a través de estas, de un nuevo imaginario colectivo.

La interacción social es el medio para la transformación de la estructura social desde su unidad básica: la familia. La conformación de nuevas unidades familiares interculturales surge del diálogo social entre comunidades culturales, del impacto psicológico y político sobre aquellos que sobrellevan el proceso migratorio de desarraigo y de la construcción de nuevas relaciones, vínculos y dinámicas.

En el seno de las familias interculturales afloran, al momento de construir las paternidades y maternidades, diferencias culturales que antes habrían pasado desapercibidas. La identidad cultural forma parte del carácter del individuo, de su forma de verse a sí mismo y de presentarse ante los otros. Al momento de enfrentar la posibilidad de herencia estos aspectos que componen a la identidad cultural recobran significado e importancia.

Las familias interculturales conviven en la contradicción de preservar su herencia e identidad cultural en un contexto social y político perteneciente a una cultura dominante diferente, mientras, construyen herramientas de adaptación a esta cultura dominante que también formará parte de su identidad cultural.

Al comienzo del siglo XXI, en el año 2000, el 3% de la población mundial vivía en un país que no era el de su origen. Desde entonces las sociedades mundiales han atravesado grandes transformaciones en relación a sus valores sociales y culturales; afectando, inevitablemente, a individuos y familias. Nos hallamos imposibilitados, hoy, de vivir en una sola y única cultura; todas las culturas dialogan, se asimilan unas con otras y se influencian.

Nuestro modo de hablar, nuestro idioma, nuestras costumbres, nuestra construcción del otro, la asunción de roles y los actos que hacen a la interacción, son todos factores influyentes en la construcción de nuestra identidad. Aquello que existe es lo que persiste a la historia, aquello que somos es lo que persistió a nuestro pasado, a nuestro proceso de socialización y construcción identitaria. Nuestra identidad es el resultado de aquello que resistió a lo que se nos inculcó.

En el período colonial Montevideo fue una ciudad de inmigrantes. Como ciudad-puerto -de gran afluencia para la región rioplatense- la actual capital del país recibía constantemente olas migratorias, con mayor preeminencia de España. En el período de 1769 a 1810 la población urbana creció siete veces su tamaño original, ligada, en exclusiva, a las olas migratorias.

La historia de nuestra sociedad fue construida sobre la identidad de los inmigrantes europeos por el deseo social de ser como estos. Pocos países del mundo han tenido una conformación tan influenciada por la inmigración como Uruguay.

A partir de 1950 la estructura demográfica de la sociedad uruguaya cambió radicalmente; la recepción de flujos inmigratorios se estancó y se sustituyó por flujos migratorios, convirtiendo paulatinamente a Uruguay en un país de emisión de población.

Para 1999 Uruguay vivía un período de recesión económica que acentuó la emigración uruguaya, a la vez que se acompasaba con los movimientos migratorios internacionales de jóvenes en busca de oportunidades laborales.

La crisis económica del 2002 impulsó esta emigración aún más, llegando a 33.000 emigrados en el período de marzo a diciembre. Otro dato estadístico aporta que el 7% de las mujeres con hijos declara, para el censo del 2000, que al menos uno de ellos reside fuera del país (Caetano y Rilla, 2008, pp. 75-214).

En 2008 Uruguay aprobó la Ley de Migración N° 18.250 para no residente y residente Permanente y Temporario. Establece los derechos de que gozan los extranjeros en el territorio nacional, reafirmando las líneas establecidas en el texto Constitucional. Esta ley asegura que todas las personas migrantes y sus familiares tienen derecho a gozar de salud, trabajo, seguridad social, vivienda y educación en igual forma que los nacidos en el país. Asimismo el Estado asume la responsabilidad de implementar acciones que favorezcan la integración sociocultural de las personas migrantes en el territorio nacional. Esta integración debe preservar y velar siempre, según determina la citada ley, por el respeto a la identidad cultural de las personas migrantes.

Aculturación y resiliencia, conceptualizan los procesos de cambio a los que se somete la sociedad y el individuo. El primero refiere a la aceptación, reconocimiento y uso de elementos pertenecientes a distintas culturas; ello conlleva, en la mayoría de los casos, a la confusión y al desarrollo de identidades aculturales, transnacionales y globales. El segundo concepto refiere al proceso de adaptación cultural de los individuos de forma tal que logran transformar una situación crítica en positiva.

Socialmente el inmigrante es discriminado por ser diferente, sin importar si esa diferencia que posee genera admiración o rechazo. Al sujeto diferente se le relega un rol y una posición social específica, por fuera de la común a los miembros de la sociedad que lo recibe. El extranjero siempre será extranjero, diferente; siempre será el otro.

Entonces, ¿qué podemos hacer para revertir esta situación? Las grandes oleadas migratorias continúan modificando y enriqueciendo culturalmente a la sociedad uruguaya. Estos procesos transforman las estructuras sociales, políticas y económicas a la vez que exponen a la sociedad a nuevas influencias culturales. ¿Cómo podemos, desde la Gestión Cultural, aportar a estas integraciones e intercambios?

Bibliografía

  • Caetano, Gerardo y Rilla, José. (2008). Historia contemporánea del Uruguay. De la colonia al siglo XXI. Montevideo, Uruguay: Editorial Fin de Siglo.
  • Hobsbawm, Eric. (2013). Un tiempo de rupturas. Sociedad y cultura en el siglo XX. Buenos Aires, Argentina: Crítica
  • Ley Nº 18.250. Registro Nacional de Leyes y Decretos de la República Oriental del Uruguay, Montevideo, Uruguay, 06 de enero de 2008
  • Sagredo, Estitxu Pereda. (2006). Resistencia e inmigración. Trabajo de tercer curso de Terapeuta Familiar. Escuela Vasco – Navarra de Terapia Familiar. 

por Lía Pérez

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